SEMILLAS ESCLAVAS


¿Transgénicos si o transgénicos no?El debate sigue desde que esta polémica forma de agricultura se introdujera en nuestros campos, en nuestra alimentación y en nuestra manera de entender la Vida y la Naturaleza.

Pero antes de iniciar el debate debemos preguntarnos, ¿en que consiste exactamente esto de los transgénicos? Bien, consiste en el uso de la ingeniera genética para insertar nuevas propiedades a las plantas, el objetivo final de esta acción, es poder disponer de diferentes variedades que resistan a los virus que destrozan los frutos, impidiendo su comercialización en el mercado.

Con esta definición surge una segunda pregunta: ¿porque surge este debate, si en principio se trata de un avance que permite al Ser Humano cultivar una mayor cantidad de productos alimentarios a la vez que disminuye de forma constante la pérdida de este por virus, plagas, y otros procesos naturales que siempre han inquietado al Hombre ya que ponían en riesgo su fuente de Vida?

El debate surge principalmente como respuesta a que se desconoce totalmente que va a pasar en un futuro, que consecuencias sobre el Hombre y la Naturaleza va a tener esta reconversión química de la agricultura. No conocemos los presuntos perjuicios, que según se calcula no van a ser pocos, pero seguimos introduciendo este método en nuestra economía y en nuestras plantaciones. El conocimiento del Hombre siempre se ha adelantado a su capacidad de preveer las consecuencias, los estudios emprendidos por Einstein que acabaron por materializarse en la creación de la bomba atómica es un claro ejemplo de ello. A veces la ciencia se equivoca…o más bien, el Hombre se equivoca en el uso que le da.

Los cultivos transgénicos están rodeados de demasiados interrogantes. La Naturaleza siempre reacciona a los cambios que introducimos y debemos recordar que la biotecnología es algo antinatural y es posible que estemos destruyendo algo vital que más tarde podría resultar irrecuperable.

Greenpeace, es una de las asociaciones que más acciones emprende para decir no a esta tecnología impuesta por cuatro multinacionales, quienes tienen el control no solo de las semillas, sino del mismo alimento a través de estas. Desde Greenpeace aseguran que de lo único que podemos estar seguros es que estamos inseguros con estas plantaciones en nuestros campos. Los cultivos no transgénicos son contaminados debido a la polinización y a otros medios, lo que significa que no vamos a ser capaces de cultivar nuestros propios alimentos, teniendo así que consumir los productos que nos imponen, o dicho en otras palabras, la proliferación de los cultivos transgénicos no nos permite elegir nuestra propia forma de entender la agricultura y el medio ambiente. Estudios realizados en EE.UU demuestran que el 70% de las plantaciones ya están contaminadas. Para España, único miembro de la Unión Europea que cultiva transgénicos a gran escala, aún no existen datos al respeto.

Por otra parte los defensores de esta nueva agricultura, se presentan como aliados indiscutibles del medio ambiente, asegurando que este tipo de productos aportan grandes beneficios a este. Están convencidos, o esto nos hacen ver, de que los productos transgénicos son los más seguros que podemos encontrar en el mercado, ya que por sus características, son los que deben pasar más controles y son sometidos a una gran cantidad de estudios que demuestran su no peligrosidad.

Estamos ante uno de los mayores experimentos biológicos de la Historia de la Humanidad, cuyas consecuencias nadie puede preveer. De momento, sabemos que en Europa ya se ha perdido hasta un 70% de las variedades que se cultivaban a principios del S.XX.

De nuevo nos encontramos con el típico proceso de uniformización  propio del capitalismo, empezamos a entender que el sistema liberal confundió igualdad con uniformización.

En todo caso, lo que si sabemos es que todo este proceso se está acumulando en manos de unos pocos, lo que quiere decir es que el Hombre está perdiendo cada vez más su soberanía alimentaria, dejando el control de ésta a grandes corporaciones, cuya finalidad es el lucro, no el bien de la Humanidad, de alguna manera deben recuperar las grandes inversiones de capital que toda esta industria requiere. Y aunque no fuera así, y el objetivo de estas grandes empresas fuera  el bien de la Humanidad, no deja de ser peligroso entregar algo tan vital para la Vida del Hombre como es la alimentación a unas organizaciones privadas cuyas motivaciones e intenciones desconocemos totalmente. Un bien tan preciado nunca debería quedar bajo el mandato de una institución privada, pues consiste en algo que nos repercute a todos, y del cual no podemos prescindir.

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